24. Ceguera

5 de Septiembre 2020
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Lo peor del cáncer es la incertidumbre. Peleas con un enemigo invisible y no tienes la posibilidad de saber si estás ganando o perdiendo.

Diariamente después de la ducha, me palpo el tumor que asola mi mama derecha y aunque pasan los meses, sigue estando allí. Ha cambiado: más pequeño tal vez, en otra posición quizás; pero no tengo forma objetiva de saber si estamos venciendo a este enemigo silencioso. La oncóloga me ha dicho que no se hacen pruebas hasta antes de la cirugía, así que continuaré a ciegas por dos meses más.

Si todo va bien, terminaré la primera etapa de mi tratamiento en 25 días. El 30 de septiembre. No puedo creerlo. Cuando empecé, muchas veces pensé que no aguantaría, que seis meses eran demasiado, pero aquí vamos. Hoy hace justo cuatro meses que empecé el tratamiento. El próximo miércoles, recibiré mi penúltimo ciclo. Después la cirugía. La doctora dice que me operarán alrededor de seis semanas después de mi última quimio.

El inventario de lo que he perdido en estos cuatro meses es grande. Eso sí, todas las bajas en esta guerra han sido físicas y espero que temporales. Mis pestañas, mis cejas, mi pelo. Otras partes de mi cuerpo, se han salvado, pero están heridas: mis uñas, mi piel, mi estómago, mi boca, mis ojos. Sé que mi cuerpo se recuperará.

Lo que he perdido físicamente, lo estoy ganando en el terreno de lo emocional. No sé si estoy ganando o perdiendo la guerra contra el cáncer, pero sé que mi interior se ha hecho más fuerte.

He aprendido muchas cosas en estos meses y he desaprendido el doble. He desaprendido que como adultos no está bien llorar y he aprendido que todos tenemos nuestra propia lucha emocional y que no puedo medir el sufrimiento de los otros con la medida de mi propio sufrimiento. Cada uno lleva su propia cruz y no puedo juzgar si esa cruz es más pequeña o más grande que la mía porque a cada persona, esa cruz le resulta siempre un peso difícil de llevar.

He desaprendido a estar pensando de forma constante en el futuro, a estar persiguiendo algo, lo siguiente. He aprendido a vivir en el ahora, que es lo único que tengo con certeza. Además, me he dado cuenta de que es más fácil vivir en este momento, que torturarme pensando en todo lo malo que puede pasar, poniendo estrés en mi vida por las cosas que tendré que hacer mañana o dejando pasar la belleza de el presente por estar tratando de adivinar lo que el futuro depara.

He aprendido a escuchar mejor a otros y a pedirle a mi mente que se calle cuando otras personas intentan contarme algo. También estoy aprendiendo a escuchar mi cuerpo, para entender lo que necesita y mis reacciones ante las cosas que suceden.

Estoy aprendiendo a ver con otros ojos, a deshacerme de mi ceguera de entender el mundo únicamente en mis propios términos. Estoy desaprendiendo qué es lo correcto y qué es lo incorrecto, porque ahora empiezo a darme cuenta cuán relativo es todo.

Samirah y yo hemos aprendido a hablar mejor o, tal vez, simplemente yo he aprendido a escuchar mejor.

Siento que en general, estoy reconectándome conmigo misma y con el mundo.

Así que, no sé si voy a vencer al cáncer, lo que sí sé es que esta etapa de mi vida va a hacerme más fuerte y mejor persona. Quizás ese es el sentido de todo esto que me ha tocado vivir.

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